Perspectivas
Por Camilo E. Cabreja
7 de julio de 2012
Feminicidios: Otro Triste y Desafortunado Hijo Engendrado en las Entrañas de la Descomposición Social Dominicana
Recientemente transcendió en los medios de comunicación una situación que debe llamar a la reflexión profunda a todos los sectores políticos, cívicos y sociales que coexisten en nuestro país.
Según el grupo “Colectiva Mujer y Salud” que trabaja desde el 1984 en defensa de los derechos de la mujer dominicana, nuestro país está considerado por organismos internacionales como una de las naciones con mayor cantidad de feminicidios al año en América Latina y el Caribe.
No solo eso… en lo que va de año, 105 mujeres han sido asesinadas por sus compañeros sentimentales y que de mantenerse la tendencia, al final del periodo actual el número de feminicidios será mayor que el año pasado, donde 230 mujeres murieron a manos de sus agresores.
Otro lamentable “logro” que refleja el tipo de sociedad que estamos fomentando y construyendo.
Lo peor del caso es ver que esta irrefutable tragedia, carece de políticas y planes confeccionados para reducir (o por lo menos detener) esta detestable realidad.
El Ministerio de la Mujer y la Procuraduría General de la Republica, entienden que la principal causa del problema es el factor económico que impide que la mujer pueda independizarse de los agresores, y al mismo tiempo reconocen el fracaso de las políticas implementadas en materia de feminicidios. Alegando que “la violencia de género es incontrolable” y confirmando su incapacidad para darle solución al problema.
Patético…
Esta grave situación ha llamado la atención de los expertos en conducta humana y social. En ese orden plantean un análisis que tiene cimientos más concretos que el factor económico y la falta de oportunidades, como la causa principal del mal.
La violencia intrafamiliar y los feminicidios tienen como génesis un elemento psicológico y cultural que induce la conducta de los individuos que incurren en estos crímenes.
Vivimos en una sociedad machista que tradicionalmente le inculca al hombre a ver la mujer como un objeto exclusivo de su propiedad. Es común escuchar la mayoría de los hombres referirse a su compañera como “la mujer mía” lo que refleja claramente un criterio que contrasta con la verdadera realidad: la mujer - al igual que el hombre - tiene derecho de elegir.
El hombre dominicano y latino en general, no está preparado para asumir la idea de que la mujer tiene derecho hacer con su vida lo que entienda más conveniente y que no está obligada a permanecer con su pareja, sino lo desea.
Nuestra cultura NO enseña al hombre a asimilar la pérdida de su concubina y muchos incurren en estos actos abominables, por su incapacidad de manejar dicha idea. Al punto que prefieren darles muerte, antes de aceptar que la mujer decida trillar su camino en otra dirección.
Este enfoque replantea las causas principales reales y el aborde que requiere la lucha contra este flagelo. Puesto que ante la solución de cualquier problema, el primer paso concreto luego de establecer los objetivos, es definir las causas reales que lo generan.
Es importante resaltar que si bien la tipificación de este asunto es social, su solución debe ir al origen del mismo: El agresor
Quienes incurren en estos actos son hombres con trastornos psicológicos inculcados… seres humanos incapaces de manejar una idea abrumadora en sus mentes. Esa idea debe ser tratada reemplazándola por otra, que les ayude a entender y asumir el hecho de que la mujer tiene el derecho y la potestad para decidir lo que quiere hacer con su vida y su destino.
Es ahí donde los esfuerzos de prevención deben estar enfocados. En los causantes del problema: los hombres. Es necesario desarrollar programas y campañas dirigidas a concientizar los hombres, y proporcionarles las herramientas necesarias que le ayuden aceptar su nueva realidad. Estimulando a la sociedad y a las mujeres a denunciar tan pronto identifiquen cualquier indicio de violencia manifestado por los agresores. Tanto físicos como psicológicos
La mayor parte de las políticas implementadas para contrarrestar los feminicidios, están dirigidas al tratamiento penal de los victimarios y no a la prevención… Los esfuerzos de la lucha contra este flagelo deben estar dirigidos hacia la prevención. Porque una vez el acto está consumado, la tragedia se profundiza. Ya que el resultado frecuente es una familia destruida… hijos huérfanos, madres muertas y padres encarcelados. Lo que deja un sabor a fracaso amargo, aunque los agresores sean castigados.
A pesar de los recursos invertidos, los resultados son nefastos. El problema es alarmantemente grave y no se vislumbra una solución a corto plazo.
Si bien, la mentalidad machista preponderante en los hombres dominicanos, es la trinchera donde debe pelearse esta batalla, no menos cierto es que las autoridades están obligadas a liderar y definir claramente la soluciones que reviertan los resultados actuales.
Es mandatorio detener inmediatamente los feminicidios y para lograrlo se requiere voluntad. La sociedad dominicana debe entender que las secuelas de este grave mal devienen en otros problemas que repercuten en la tranquilidad y paz ciudadana y que no podemos darle la espalda a un mal que agrava más la difícil situación de violencia e intranquilidad que padecemos.
Demandemos más atención a este problema o continuemos sufriendo sus terribles consecuencias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
